Madrid tiene lugares recónditos, pequeños, donde por mucha gente que haya te quedas embobado, pierdes el oído y solo puedes mirar, sin parpadear ni un segundo y sonreír después al ver el lugar que acabas de descubrir.
Siempre que vuelvas y siempre que lo recuerdes, la sonrisa volverá a tu cara, como cuando haces gestos estúpidos que te llevan sin control a la risa.
Planta 6, Museo Reina Sofía.